Como la neurona bloguera anda lenta aún y el ánimo algo down, decidí contar una anécdota ya que hace tiempo no lo hacía. Me acordé que cuando conté lo de mi "descuido con la cartera", dije que no había sido la única vez, pero verán que así y todo soy totalmente inocente.
Entré al colegio super chica, tenía apenas 5 años recién cumplidos cuando fui a primero básico. vivía en Viña en esos años.
Era algo así como la mascota de las monjas (sí, fui niñita de monjas, pero me duró poco jajaja).
Me gustaba tocar la campana para salir a recreo, así que me llamaban unos minutos antes, salía de la sala y tocaba la campana... (shuta se me cayó el carnet, en esos años se tocaba campana y no el timbre como hoy).
Si me daba hambre, me iba a la cocina dónde preparaban el almuerzo para las monjitas y me comía el postre... (es cierto eso de que las monjas tienen buena mano para la cocina).
Si me daba sueño, salía de la sala y me perdía, pero ni tanto, todas sabían que me había ido a meter a la pieza de las monjas a pegarme una pestañeada. Claro, la primera vez que lo hice, movilicé a todo el colegio porque andaba perdida y luego me encontraron plácidamante dormida en la cama de sor Berta...
Yo he contado que siempre he sido seca pa' la pestaña.
En fin... ya me desvié del relato.
La cosa es que había una monja que era un as para el tejido... hacía una ropita de muñecas tan linda y su puesto estaba en la portería del colegio. Entonces todos los días, mientras esperaba a mi mamá, me quedaba fascinada mirando la ropa de bebé y de muñecas.
Un día, aparecí con harta plata!!! y le compré toda la ropa que me gustaba para mi "Pinina", una muñeca que aún conservo y con la que aprendí incluso a caminar..
A la monja le pareció raro que anduviera con los bolsillos llenos de plata, así que no halló nada mejor que esperar a mi mamá cuando llegara a buscarme.
Y mi santa madre que no entendía mi apuro por irme a la casa: "Mamá vámonos para la casa que tengo hambreee. Mamáaaaa vámonos poh"
Pero tampoco sabía porque la hermana quería hablar con ella a solas..
Y empezó el interrogatorio...
Monjita: señora, sabe que la Carola me compró muchas cosas? lo que me extraña es que una niña tan re chica ande con tanto dinero..
Yo sentada con las dos mirandome de hito en hito, dijo Papelucho..
Mi mamá: Carola... yo no te he dado plata, de dónde la sacaste?
Yo: ehh de por ahí, es que me la encontré...
La monja: hija, dónde específicamente?
Yo media acorralada: me la encontré botada en una sala, no había nadie así que es mía.
Y las tuve que llevar al lugar de los hechos... era la salita del kinder.
Explicación anexa: En el kinder del colegio, se acostumbraba a poner un tarro grande como alcancía, dónde todas las niñas ponían "el pesito de los lunes", para futuras actividades y materiales.
Yo no sabía... y como me encontré un tarrito...
Mi mamá, muerta de vergüenza me retó. Que eso no era mío, que me había robado el tarro de la plata de otras niñitas que juntaban con esfuerzo y bla bla..
Yo: Es que me lo encontré!!! yo quería la ropa para la Pinina!!!! ya estaba por llorar, arrepentida por mis pecados, cuando..
La Monjita: Pero mujer... no la retes, esta niña es muy re chica, ni sabe lo que es robar, pero le enseñaremos que las cosas que están acá, no es que no tengan dueño y bla bla...
Me arrepentí, devolví las especies mal habidas, con el dolor de mi alma y enojá porque me las quitaron..
Así que la monja, por la confesión y devolver las especies, (además de que me quería mucho), me regaló un vestido para mi muñeca y mi mamá me compró el resto...
Pero aprendí que no había que robar.. claro que después se me olvidó denuevo jajajaja
Ven que era de puro inocente?
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